Las consignas "orden, trabajo y producción", surgidas de un diagnóstico preelectoral, contenían los lineamientos básicos para esa tarea.
La racionalización del gasto público fue una de las prioridades desde el primer día de gestión gubernamental. Un objetivo inalcanzable para algunos, habida cuenta de los desmanejos administrativos de gestiones anteriores fue convertido, con ingenio e imaginación, en piedra angular de las decisiones y acciones posteriores del Gobierno.



Nadie podrá negar que en Salta han ocurrido, en tres años, algunas situaciones afortunadamente irreversibles: los sueldos son pagados puntualmente a los empleados públicos, la aproximación al equilibrio presupuestario alcanza niveles inimaginables antes de 1996 y la deuda pública decrece progresivamente.
Aún cuando algunos pretendan minimizarlos, no son logros menores y hasta fines de 1995, ni siquiera tenían principios de solución. Lograda la racionalización del gasto público, un enfoque más puntual de las necesidades apuntaba a la optimización del gasto social. Era un imperativo el avance sobre el desempleo, que en mayo de 1996 -dos años y medio atrás-, había alcanzado su pico más importante y afectaba al veintiuno por ciento de la población económicamente activa. El parámetro del subempleo también medía los inconvenientes existentes en el mercado del trabajo. De acuerdo con las últimas mediciones, la tasa de desocupación ha descendido al doce por ciento este año.
Una de las herramientas utilizadas fue la jerarquización de la obra pública, tanto en la cuantía de los recursos como en su distribución, con el propósito de asegurar la multiplicación del empleo en el proceso económico, tal como sucedió con la industria de la construcción.
Reforzados con acciones dirigidas a la radicación de inversiones y emprendimientos productivos privados, fueron logrados impactos que reflejaron la disminución del desempleo en un nueve por ciento.
El nivel de desocupación alcanza actualmente en Salta al doce por ciento de la población económicamente activa, consolidándose un fenómeno de manifestación nacional de desocupación descendente.
Los porcentajes mencionados no son fruto de interpretaciones antojadizas ni arbitrarias, sino mediciones estadísticas confirmadas por el INDEC.
Habrá quienes cuestionen estos datos o pretendan no creer en los guarismos surgidos de organismos oficiales, cuya misión es la observación permanente de los parámetros de la evolución socioeconómica.
Es cierto que resta un camino por andar y es probable que los esfuerzos del Gobierno de Salta no alcancen a la neutralización total del flagelo mundial del desempleo.
También es cierto, como dijo el gobernador Romero el 1º de Mayo en su mensaje a la Honorable Asamblea Legislativa: “...En el orden social ha surgido un nuevo pobre, el pobre por ingreso, como consecuencia de la influencia decisiva que ha tenido en América Latina la reconversión capitalista del sistema. Lo que para muchos autores es exclusión social constituye, en realidad, un problema cuya solución encontraremos entre todos”.
“La Humanidad ha vivido cambios culturales y económicos cíclicos que han generado la desdicha de millones de almas...” El Gobierno de Salta ha demostrado, con hechos, su voluntad y esfuerzo ininterrumpidos en el sentido de optimización del gasto social, labor consistente, básicamente, en la generación de empleo y en la oposición al fantasma de la desocupación con todas las herramientas a su alcance.
Esa resistencia involucro, asimismo, el rechazo de plano del culto que algunos hacen de la mediocridad, del fracaso y de la supuesta “inviabilidad” de Salta, pregonada por el gobierno de Ulloa y de Gómez Diez.


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