Recibimos un estado origen de conflictos que ni siquiera podía sustentarse a sí mismo, con un agudo quebrante económico y cesación de pagos, que financiaba sus desvíos fiscales con diferimientos de pagos de sueldo, jubilaciones, retenciones, proveedores y contratistas.
Al asumir nuestra gestión fue necesaria la refinanciación y reestructuración de la deuda pública provincial, que tuvo como objetivo fundamental descomprimir la grave situación financiera que afectaba a las finanzas del Estado, posibilitando la prórroga de los plazos de amortización, mermas en las tasas de interés e incluso, cambios en la moneda de pago y titularidad de los acreedores; es decir, se cambiaron los compromisos financieros por otros en los cuales se obtuvieron mayores plazos y menor interés. La reestructuración no representa, entonces, un uso del crédito; significa que no tiene incidencia respecto de la ejecución presupuestaria, razón por la cual sólo debe registrarse en la contabilidad patrimonial lo concerniente al movimiento de fondos y valores, cambios en los plazos de exigibilidad, tipo de moneda o de titulares de acreencias.
Es importante destacar, asimismo, el carácter social de la deuda que mantenía el Estado. Es decir, el elevado grado de compromiso que existía con la comunidad (sueldos, jubilaciones, retenciones, mutuales, proveedores y contratistas), que en el menor tiempo necesitaban una respuesta.
Actualmente, la provincia cumple puntualmente con los servicios de la deuda (es decir, con las cuotas de amortización) y es confiable. El incremento de la recaudación y la disminución de los gastos corrientes permite controlar el crédito luego de cumplir con las obligaciones que demanda la sociedad.
En la actual gestión gubernamental disminuyeron los gastos corrientes, es decir, todos aquellos relacionados con el funcionamiento de la administración (consumos, servicios y otros), de modo que puede apreciarse como en 1996 y 1997 fue obtenido un ahorro que surge de la diferencia entre los ingresos totales y los gastos corrientes. Este ahorro permite la realización de obras, la adquisición de equipos y máquinas. Situación contraria podía apreciarse en 1995, en cuyo transcurso solamente los gastos corrientes superaban a los ingresos totales.
De un análisis del resultado económico surge la diferencia entre ingresos corrientes y gastos corrientes y a partir de ésta puede apreciarse como entre 1993 y 1995 este resultado fue desfavorable, mientras en la gestión actual sucede lo contrario, hecho demostrado por el ahorro económico aplicado a las inversiones.
La deuda en general disminuye, pero es importante destacar que su composición cambia y puede apreciarse que la deuda social es menor día a día, porque hay que financiar con los bancos y no con la gente.
En definitiva, hoy le debemos a los bancos pero no le debemos a la sociedad ni salud, ni educación ni seguridad. Hay algo todavía más importante: tomar créditos como se hacía antes para gastos corrientes no tiene sentido, pero si es para gastos de capital, es decir si los créditos son utilizados para crear infraestructura que posibilite la inversión, estaremos solidificando las bases para el crecimiento y de ninguna manera, comprometiéndolo.
El endeudamiento provincial está controlado. Pasó en Salta algo similar a lo ocurrido en la Nación: pensaban que la deuda se había incrementado de un año para otro y la realidad es que existía pero no se la consideraba.
El hecho importante fue reconstruir y recuperar la solvencia del Estado. La oferta monetaria que existe hacia la Provincia es el reflejo de la confianza y del incremento de la credibilidad, que no solo se demuestra a través de los indicadores, sino que también es avalada por la realidad. Hoy, el crédito está exclusivamente en manos privadas, ya no existe un banco provincial que financie sin tomar en cuenta indicadores que reflejen la situación verdadera; esto implica que, tal como ocurre con las empresas privadas, no hay acceso al crédito si la situación económico - financiera de la Provincia demuestra que no puede afrontar el compromiso. Salta es atractiva para los oferentes de dinero porque existe la conciencia de que la Provincia es digna de crédito.
Salta pasó de una situación de desequilibrio, fruto de la sucesión ininterrumpida de desvíos fiscales, a una situación de equilibrio que en la actual gestión de gobierno se sucede año tras año. La comunidad no debe olvidar, además, que tras esta situación de superávit económico y financiero se genera un crecimiento económico.
Respeto a toda la dirigencia política de la Provincia, pero la decadencia que hemos vivido los responsabiliza y resulta inadmisible que quienes no supieron ni pudieron y dejaron la Provincia en el mayor compromiso social y caos administrativo de la historia, pretendan confundir a la gente con fines electorales. En definitiva, la deuda cae, la inversión aumenta, los indicadores mejoran y la realidad nos avala.
FERNANDO YARADE
*Secretario de Hacienda
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